Se entrevé el sol, se cuela su voz. Ni la cortina ni la piel los contienen. Ella amanece tarde y con el corazón atento.
Sumergirse en el dolor de las sombras, en la oscuridad plena, ahí donde habitan los miedos, donde la respiración se entrecorta y huele a pánico. Mirar de nuevo los monstruos, las heridas, lo que dejaste podrir debajo de la alfombra. Tomar el desequilibrio y brincar, impulsarse en el aire, sin contener el mareo. Recordarse alma, Sacudir el cuerpo Enraizarse en el vuelo. Dejar el control, descansar, observar... Navegar.
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